Es común pensar que las personas que entramos en el mundo de la criptomonedas hace varios años, ya lo hemos logrado. Ja ja! En realidad no es así – ni de cerca. Si bien es verdad que compré todo el bitcoin que pude cuando costaba muchísimo menos de lo que cuesta hoy en día, es importante destacar que los años previos a mi entrada en el mundo de las criptomonedas fueron bastante carentes, en el sentido financiero.

Así, a mediados del año 2017, una vez que había llegado a mi momento financiero más apremiante, utilice parte del poco dinero que me quedaba después de haber vendido mi hermoso auto, y lo invertí en bitcoin. Inmediatamente empecé a aprender respecto al mundo del intercambio de activos financieros y me resultó fascinante.

Las mal dibujadas flechas rojas representan los meses en los que más acumulé Bitcoin.

Pero sin glorificar demasiado la experiencia, lo que sea que aprendí, me costó aprenderlo. Y cuando digo que me costo, me refiero a que me costó en dinero.

Tengo varias historias y experiencias respecto a cómo perder dinero – y es que esa es la naturaleza del mundo de las criptomonedas: es extremadamente volátil, lo cual lo hace también extremadamente estresante. Pero no solo perdí dinero por la naturaleza volátil del mercado, sino también por una serie de errores muy básicos respecto a factores que quizás uno no considera que podrían ser tan importantes en el desenlace de una inversión (como el alcohol que hay de por medio al momento de tomar decisiones – un error que espero jamás volver a cometer).

Pero afortunadamente también tengo varias historias respecto a cómo ganar dinero utilizando activos financieros decentralizados – y quizás no me he vuelto millonario haciéndolo todavía, pero la verdad es que he regresado una y otra vez porque lo disfruto. He descubierto distintos mecanismos financieros que considero que podrían tener un lugar importante en el mundo del futuro – como una alternativa a las cooperativas de ahorro que las personas utilizan para guardar o «invertir» su dinero.

El mundo de las criptomonedas se construye alrededor del concepto de la inversión riesgosa, desde su más pura esencia. Hay momentos que veo a las criptomonedas como un universo paralelo al mundo de las finanzas, pero es innegable que es un mutante que nace de las finanzas pero se alimenta de un tipo de especulación que continuamente se siente como una apuesta.

Es una dinámica continua entre el miedo y la euforia. Y es extremadamente interesante entender que finalmente el elemento más determinante del mercado es probablemente la emoción humana – cuando las emociones están altas, los precios escalan de manera explosiva, pero cuando las emociones están bajas, todo parece derrumbarse. Y participar de estos mercados definitivamente significa participar de estas emociones.

Por eso, una de las principales lecciones que he aprendido es que el control emocional es un elemento crítico que debe desarrollarse. Un factor fundamental que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, o incluso más allá de ello – la diferencia entre la auto-destrucción psicólogica y la moderación que conduce a grandes recompensas económicas y espirituales.

Me resulta fascinante y siento que he descubierto una de las pasiones de mi vida. Y finalmente, creo que lo seguiré haciendo. No. No es por el dinero. Es porque me gusta. Me gusta la tecnología y la filosofía que hay detrás, me gusta la manera en la que el bitcoin y las criptomonedas avanzan comiéndose el valor del dinero en el planeta.

Creo que es parte de un fenómeno cultural innegable que estamos atravesando en este preciso momento – para mi bien o para mi mal, pero ahí estoy.